Tras las diversas denuncias de excesos y vulneración de los derechos humanos cometidos por la Policía Nacional del Perú en las protestas contra el gobierno de Dina Boluarte, finalmente una de sus víctimas, Fortunata Apaza, denunció cómo ella y su hijo de 14 años fueron sometidos a patadas, puñetazos y encañonados sin justificación alguna, de los cuales les quedan secuelas físicas y psicológicas. Ella busca justicia y no quiere que estos hechos queden impunes.
La mujer de 50 años explicó que aquel 7 de enero, su hijo salió de la casa de su hermano en la salida Cusco, rumbo a su domicilio ubicado una cuadra después del grifo Ollanta en la avenida Mártires 9 de Enero, para traer en una bolsa su ropa sucia que su madre tenía que lavar.
Sin embargo, a pocas cuadras de llegar a la casa de su madre, el menor de edad fue interceptado por los efectivos policiales, quienes revisaron su bolsa y, al no encontrar nada, comenzaron a agredir. Fue entonces cuando su madre, en su desesperación, corrió a rescatar a su hijo, lo que resultó en que los agresores la atacaran con tal salvajismo que aún siente dolor en diferentes partes del cuerpo.
«Mi hijo y yo nunca formamos parte de los manifestantes, pero igual quisieron detener ilegalmente a un menor de edad y llevárselo en un patrullero, lo cual impidí, pero me agredieron. Son hechos que jamás podré borrar de mi mente», dijo entre sollozos la mujer.
Después de 9 meses de anonimato, finalmente tomó valor y denunció ante el Ministerio Público la salvaje agresión de la que fue víctima por parte de la Policía Nacional del Perú. Para ello, su intervención y la de su menor hijo no tuvo ningún motivo aparente, pero el niño de 14 años tiene daños psicológicos irreparables. Por ello, demandó justicia y que los responsables paguen con todo el peso de la Ley.